martes, 8 de junio de 2010

Crecer sin destruir.

Hoy temprano como todos los días me levanté y salí para el taller a trabajar. 
Agarré por calle 60 hasta la esquina de 6 y encaré para barrio norte -mi ruta habitual no es esa, pero el tráfico cada vez es más denso a la hora de ingreso escolar-. 
Mientras conducía, charlaba con mi pareja mientras juntos observábamos -con más atención que otras veces- el aspecto de la ciudad que amamos. 


           Se que fue algo casual, pero no pude evitar pensar en mis abuelos y en mis padres, en la casa chorizo en la que viví tantos años, las historias sobre futbol, zoológicos, diagonales y caminatas.

 

Me fue imposible no recordar a poetas, artistas, pensadores, políticos y profesionales ilustres que han nacido o emigrado, y se han formado en sus campos transformándose en grandes referentes que han marcado, no solo mi rumbo, sino el de muchísimas personas en todo el país.

 

Esto no es una casualidad. No. Esta ciudad fue pensada por grandes hombres para eso.

La ciudad de La Plata, se pensó y construyó para modernizar a la sociedad argentina. Jóvenes de todas las provincias se trasladan desde antaño, cada año con mucho esfuerzo de parte de sus familias para crecer intelectual y humanamente.

 

            Esta ciudad, es patrimonio de una gran parte de la historia de la sociedad argentina. Una gran angustia me embarga a evidenciar que el dinero y las influencias pueden una vez más que los viejos valores.

 

El hombre ha emprendido grandes empresas a lo largo de su historia y la  Ciudad de La Plata  es un ícono del proyecto de modernización en que nuestro “celebrados próceres” trabajaron para legarnos y darnos un futuro como sociedad.  

             
           Pero el siglo XXl nos trajo –creámoslo- un uso de la razón algo más humana. Y si hay algo que felizmente en este mismo momento de mi vida estoy pensando y creyendo, es que podemos crecer sin destruir fomentando la participación y la solidaridad.

 

Pablo Cardone. Mayo 2010.   





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